Hans Blumenberg. Fuentes, corrientes, icebergs, edición de Ulrich von Bülow y Dorit Krusche, traducción de Griselda Mársico. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2016, 342 páginas

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Franco Liberati

Resumen

Blumenberg – también el nombre del metaforólogo encerraría o contendría una metáfora (como la montaña [Berg] encierra o contiene vetas de minerales). Mejor sería decir: el nombre no encierra ni contiene metáfora alguna en la medida en que esta metáfora no está oculta en su seno o interior, ni hay que excavar para extraerla o sacarla a la luz. Antes bien, está inscrita a la vista, sobre la superficie misma del nombre, al nivel del suelo, sobre la ladera o el relieve de la citada montaña. ¿Una metáfora, hemos dicho? Quizá menos que una metáfora; apenas una imagen o un cuadro; en todo caso, un cuadro digno de mención: una montaña de flores [blumen], una montaña florida o florecida. Imagen por demás llamativa, trátese ya de una improbable montaña revestida o recubierta de flores (improbable porque otro tipo de vegetación suele prosperar en el aire helado de las cimas), ya de una montaña de flores en sentido figurado, esto es, una metáfora para expresar o ilustrar un acopio, una acumulación, un montón de flores. Tratándose de Blumenberg, y a juzgar por su metodología de trabajo (sobre la que nos explayaremos más adelante), las flores que se acumulan hasta formar un montón o una montaña podrían ser precisamente las flores de la retórica, las propias metáforas, los tropos que el discurso figurado hace florecer.

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