De las formas a la belleza vaga

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Remo Bodei
Sergio Sánchez

Resumen

Si a partir de Pitágoras la belleza estuvo signada por las ideas de armonía, simetría, proporción –que encontramos aún hoy en la métrica de la poesía y en la música–, y lo sensible y lo inteligible de traducen recíprocamente, con Platón la belleza absoluta sólo puede ser captada por la mente. Ambos paradigmas de belleza entran en crisis en el cambio de los siglos XVI y XVII, cuando el gusto, como sentido subjetivo, sustituye la concepción de lo bello calculable del arte. Es cuando se produce el giro de lo bello, bueno y verdadero, a la relación de la belleza con el tiempo y la eternidad. Lo bello se aleja de lo sensible, pero para conservar su quintaesencia y su perdurabilidad, garantizada por las formas que desafían el devenir. Con Baumgarten, la estética será reconducida a la sensación. El conocimiento estético es aquél de la belleza “vaga”, no definible, y mudable, ya que es móvil, sin sacrificar su propia forma. El concepto “vago” ha perdido actualidad, aunque la opción sea, para muchos artistas, la de servirse de técnicas de lo indeterminado. ¿El componente sensible y emocional de esta belleza conduce a una forma específica de conocimiento? La belleza es también  conocimiento: nos conduce a lo inefable, que no es sino la coincidencia con “lugares comunes”.

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